La creciente atención sobre Groenlandia revela una disputa estratégica por minerales críticos, energía y rutas logísticas que impactará directamente la competitividad de la manufactura global. Más allá del debate político, el territorio se perfila como un nodo clave para asegurar cadenas de suministro, reducir riesgos geopolíticos y definir ventajas industriales en el largo plazo.
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